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martes, 17 de marzo de 2015

Durante todo el fin de semana pensó detenidamente lo que respondería al pelivioleta, así como los pros y los contras de formar un vínculo emocional más estrecho. Finalmente, llegó a la conclusión de que no había nada de malo en arriesgarse, quien sabe, probablemente  resultaba bien.

La noche anterior tras volver del acuario quedaron de verse frente al parque Odori. Justo en ese instante la pelirrosa llegaba al punto de encuentro, quedaba bastante cerca, a unos veinte minutos si se iba a pie, y a cinco si se iba en vehículo, por supuesto que optó por la primera opción.

Esperó allí durante una hora, se le hacía bastante extraño que el pelivioleta fuese impuntual, aunque no era del todo imposible. Le marcaría, quizá surgió un problema que le impedía llegar a tiempo. 
Al momento de buscar su número en los contactos, la pantalla de llamada apareció. Vaya, era él... No, se equivocaba.

Del otro lado de la línea hablaba una mujer joven, fue cuando todas las dudas de la pelirrosa quedaron despejadas. Un escalofrío recorrió su cuerpo, abrió los ojos como platos y estuvo a punto de cortársele la voz. En lugar de eso, habló con firmeza agresividad (?) a la mujer, quien respondía tartamudeando, algo intimidada por el tono de voz empleado por la menor.

Sin perder más tiempo, tomó un taxi que la llevaría al Centro Médico de Sapporo.

Un accidente. No lo creía.

20 comentarios:

  1. ¿Qué hora era...?

    Hoy era la cita con Luka ¿Por qué no estaba en camino? Sus ojos no querían abrirse, todo su cuerpo parecía ser oprimido para que no pudiese moverse, pero estaba vivo; no se veía a sí mismo desde el más allá (?).

    ¿Dónde estaba...? Esa tarde, había salido de la estación del tren con una hora de anticipación a la hora acordada, había comprado un ramo de rosas imperiales, le aburrían ese tipo de detalles por ser algo típico, aún así, su corazón latía con fuerza contra su pecho, se preocupaba al ver a la menor y que aquel detalle fuese insignificante para ella, a pesar de ya haberlo pagado, se cuestionaba sobre entregarlas o no. Iba a pie, tenía tiempo, caminar sería suficiente para que su circulación se calmara.

    Luego, no recuerda nada más. Un idiota se pasó la luz roja... O fue al revés, un idiota no se dio cuenta que el semáforo había cambiado a verde. El vidrio de un autobus de turistas fue impactado por el caballero con rosas en los brazos. ¿Quién hubiese podido no darse cuenta de esa cabellera violeta y esas rojas flores?

    Bien, no era momento de buscar culpables. Era momento de despertar, o al menos, intentarlo.

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    1. Rápidamente extrajo de su cartera 500 yenes, no importando que el conductor se quedase con el cambio, lo que ahora inquietaba a la pelirrosa era el estado del mayor.

      Los pequeños tacones de las botas hacían un ruidito seco al caminar... Correr, mejor dicho. Una vez llegando a la recepción preguntó por la habitación de Kamui Gakupo: 413. —Desafortunadamente no la dejarán pasar—informó la recepcionista—, no es hora de visita todavía y ... ¡Señorita!—sin prestarle mínima atención, la pelirrosa se había puesto a correr (como podía, el suelo era resbaloso(?) ) hacia dicha habitación, necesitaba ver en qué condiciones estaba el caballero; necesitaba ver que todo estaba bien, que iría a recuperarse pronto.

      No fue hasta que cruzó el marco de la puerta, que ella disminuyó considerablemente su velocidad. Jadeaba con discreción, sus pulmones intentaban inhalar todo el aire que les fuera posible, sus piernas ardían por subir tantas escaleras a tal velocidad, puesto que no quiso perder tiempo esperando el ascensor.
      Ahí estaba él, tendido en una cama a pocos pasos de ella y en una condición casi deplorable, ¿cuántos huesos se habrá roto? ¿Qué había sucedido, para empezar?

      No pudo preguntar nada al, puesto que un par de fornidos guardias de seguridad trataron de impedirlo, ella daba batalla, sí señor.
      Aunque terminaron por llevársela cargando. (???)

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    2. No pasó a más que una contusión en la cabeza y un desligue en la muñeca de la mano. Su cráneo sufrió heridas por el impacto del vidrio y por el choque contra el pavimento al momento de caer, pero que por fortuna, el microbús iba a una velocidad moderada o hubiese sido un golpe fatal.

      —¿Qué hora es...? —preguntó a la enfermera que le inyectaba la vía del suero en el brazo, el rostro de ella se iluminó por unos segundos para luego recuperar la compostura, se disfrazó con un porte profesional y abandonó la habitación para avisarle al doctor el estado del paciente. ¡Ni siquiera dijo la hora!

      Tenía vendas alrededor de la cabeza, dos cuadros de algodón le cubrían el lado derecho de ésta, su brazo estaba enyesado y el resto de su cuerpo cubierto con la manta. Todavía era difícil mover su cuerpo, más que dolor, sentía pesas sobre él mismo.

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  2. Luego de una pequeña discusión y una advertencia, dejaron ir a la pelirrosa, quien tuvo que sentarse a esperar unas cuantas horas a que "...Les de la gana dejarme pasar a verlo", pensaba. Incluso habían rasgado su bonita blusa, ahora traía la manga rota, no le faltaban las ganas de sacarles los intestinos y saltar la cuerda con ellos. (?)

    Dadas las 7 p.m., una enfermera se apiadó de ella, de no ser así hubiese tenido que esperar hasta la mañana del día siguiente para poder ver al pelivioleta. Caminaron por los pasillos, la menor se encontraba ligeramente más tranquila ahora que podría conocer su condición.

    Mientras la otra mujer hablaba con el doctor, ella entró sigilosamente a la habitación, no por miedo, sino porque temía importunar al caballero recostado en la cama. ¿Habrá recuperado el conocimiento ya?

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    1. Esperaba en medio del tormentoso silencio a que alguien le informara que podía irse, algo imposible al estar consciente de su estado, pero no soportaba estar en esa camilla. En su mente repasaba algunos recuerdos, algo borrosos, como un sueño que no lograba recuperar del todo.

      Aunque no podía moverse bien, mucho menos podría caminar. Se sentía muy adolorido, como si se hubiese pasado todo el día corriendo por la montaña. Él estaba seguro que aquello sólo era mental.

      Abrieron la puerta y estuvo a punto de atravesar a la enfermera con la mirada (pensando que ella era la que entraba), estaba molesto e incómodo, no había nada peor que eso (?). Sus ojos brillaron como si quisiese llorar, le alegraba mucho ver a la pelirrosa en esa habitación.

      —Necesito un vaso con agua... —dijo con voz ronca, su garganta estaba seca, eso y la sorpresa de verla. En la habitación había un expendedor de agua. Un cuadro de algodón estaba por encima de su ojo derecho, causándole molestia a la vista, pero eso no empañaba la aliviada sonrisa que se formaba en sus labios. —¿Tiene idea de cuál es mi nombre, señorita? —bromeaba, aunque hubiese sido un buen acto dramático, el pelivioleta lograba reconocerla. —Lamento haber faltado a la cita, Megurine...

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  3. Bromeaba, por fortuna; su memoria estaba intacta, y eso proporcionaba inmenso alivio a la pelirrosa.
    —No tiene importancia—servía agua en un vasito desechable que encontró a un lado del dispensador, luego, ayudó al pelivioleta a incorporarse un poquito, la cama podía hacer eso si se utilizaba un pequeño control remoto, no había necesidad de que él se moviera—. No la tiene, en verdad. Me alegro que estés bien—al menos, no muerto o en coma.(?)

    Acercó el borde del vaso a los labios masculinos, quizá él decidiera tomarlo con la mano que no estaba tan afectada. Esperaba alguna señal que le permitiera continuar, o en su defecto, para dejar que él mismo lo hiciera—... Me diste un gran susto.

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    1. No tenía idea de esa función en la cama del hospital, no solía visitarlos seguido... De hecho, era la primera vez que tenía que quedarse en uno de esos lugares.

      —¿Cuán grande fue el susto? —fingía incredulidad, le hacía plática: "No fue tan grave lo que me pasó". En verdad quiso agarrar el vaso por sí mismo, pero no pudo. Se esforzó para beber el agua desde la mano femenina, no estaba acostumbrado a ese detalle.

      —Te lo compensaré. Cuando salga de aquí. —volvió a descansar la espalda sobre la almohada, echando todo su peso contra ella, cayendo como si su cuerpo fuese de plomo. Emitió un leve quejido, escondiéndolo para no preocuparla. —¿Te quedarás? Estoy despierto, estoy seguro que te dejarán pasar la noche conmigo... Si eso quieres.

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  4. —No, ya ves, fue un susto pequeñito, casi insignificante—tras decir aquello, observó al pelivioleta con una mezcolanza de obviedad, molestia y preocupación en sus ojos. No creía necesario decir que las ansias le corroían las entrañas estando en el área de espera.

    Cuando el mayor terminó de beber, ella dejó el vasito a un lado de la cama, sobre una mesita en la que además de una lámpara, había una bandeja con vendas, gasas, pomadas, agujas de sutura y otros instrumentos recién esterilizados—Suena bien, no espero algo sencillo, advierto—aquello lo dijo con fingida soberbia, que duró sólo pocos segundos, pues la pregunta del mayor había aumentado su preocupación de nuevo—. Espero que sí, me costó mucho entrar a verte. Trataré de convencer al doctor.

    ¿Era...verdad lo que decía? Ella no creía haber dicho algo así, pero no podía...No quería retractarse—¿Has comido ya? La comida de hospital es espantosa, ¿o deseas más agua? ¿Te duele el pecho al respirar? —súbitamente la pelirrosa comenzó a bombardear al contrario con éstas y otras preguntas relacionadas a su salud. Y eso que en la facultad le enseñarían a mantener la calma... (?)

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    1. Él asintió con cuidado para decirle que estaba bien, que no necesitaba nada, estaba más que complacido con sus atenciones, no la quería lejos. Entonces, ella sí había... mejor dicho, todavía estaba preocupada por él, era obvio el cariño que ella le tenía ¿Por esa misma razón se abstenía de responder a su declaración?

      —Puedo soportarlo. —su brazo derecho era el enyesado, así que con la mano izquierda acarició la mejilla contraria. Su tibio tacto se apoderó de esa zona de piel, ligeramente desesperado por quitarle toda preocupación a los ojos contrarios, no lo merecía. —Sólo quédate y háblame. No quiero estar sólo.

      Su brazo descendió y él se acomodó contra la almohada, sonriendo inocentemente, como si fuesen a contarle una cuento para dormir. Sólo hacía falta su lámpara de noche y una taza de chocolate caliente, pensó él, escuchándose su ronca garganta tras una leve risa.

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  5. Sobresaltó ligeramente al sentir el tibio dorso de la mano masculina rozando su mejilla, era un gesto totalmente inesperado—C-como gustes, uh...—para evitar un balbuceo, decidió enfocar su vista en otro lugar; una radio apagada cerca de él, tal vez la tenían allí para los pacientes que llegaban a entrar en coma, desafortunadamente.

    Fue a prenderla, buscando la emisora que solía escuchar con más frecuencia, pues la música que transmitían era tranquila, de esas que ponían de buen humor, y al mismo tiempo levantaban el ánimo.
    La animada melodía de un piano en conjunto con un saxofón y una batería inundó la habitación, la cual era individual, por fortuna.

    —... ¿Cómo fue que te pasó esto?—mientras, tomó asiento en una silla a un lado del pelivioleta, por su mente pasó la idea de que quizá no sería tan incómodo dormir sentada, podría apoyarse en el colchón del mayor.

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    1. —Uh... ¡Oh! Pues, te compré un ramo de rosas. —eso era cierto. Comenzaba a recordar más detalles, por ejemplo: lo distraído que estaba cuando caminaba con las flores en manos.

      —Ya sabes, eran las favoritas de la hija del emperador. Yo había comprado las últimas del planeta. Aunque me las pidieron amablemente, no quise entregarlas. Entonces el grupo élite de ninjas imperiales me atacaron, eran como cien hombres, yo di batalla y pude derrotarlos con mis habilidades. El último de ellos, el más fuerte, me atacó con sus puños ¡Yo sólo quería salvar tus rosas! Fue cuando... Un autobús me atropelló. —le parecía tan deshonrosa la versión corta y verdadera de la historia "Caminaba por la calle, pensando si las rosas te gustarían, que no me di cuenta cuando el automóvil venía hacia mí"

      —Bien... me golpeé fuerte la cabeza, quizá estoy exagerando. —en ningún momento apartó su mirada de la contraria, esperaba a que ella le parara o le regañara por ser tan descuidado. No le caería mal, después de todo, ella tendría razón.

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    2. —¿La caravana del emperador de China? Dios mío, pobrecito—dio un golpecito muy suave al brazo herido del pelivioleta—. Admiro su valentía, gallardo guerrero samurái. Ha honrado a Japón—y dicho esto estalló a carcajadas—. Pensaba otorgarle un título importante hoy... Pero viendo su condición será mejor que espere un poco—uno de sus dedos lo puso sobre sus sonrientes labios, como si de esa forma pudiese evitar reír. Su posible reacción le era divertida.

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    3. Podría vivir para siempre escuchando aquella risilla que ella trataba de ocultar, incluso podía sentir su cuerpo rehabilitándose con ese dulce sonido; decir estupideces traía beneficios, él conocía muy bien ese método, aunque nunca creyó utilizarlo para el bien (?).

      —Si ese es el caso... necesito algún tipo de recompensa, al menos para que mi espera no se haga demasiado larga. —si tan sólo su cuerpo no le doliera cada vez que intentaba levantarse... —Varios turistas tomaron fotos del "japonés atropellado". Merezco un poco de cariño...

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    4. —Como dije, honorable Bushi, Japón está en deuda con usted—rió, esta vez con más discreción—. Dentro de unos días esas fotos estarán circulando por internet... Será la sensación del siglo—bromeaba al levantarse de la silla. Rodeó la cama para acercarse más al caballero—. Olvidemos eso; monsieur Gakupo, aquí tiene su recompensa—sosteniendo con sus dedos un mechón de cabello suelto (para evitar que entorpeciera su siguiente acto), se inclinó lo suficiente, besando así la frente masculina, la respingada nariz, y finalmente la comisura de los labios contrarios.

      —Es todo; la otra mitad se la daré cuando tenga la cabeza del dragón en mi mesa—concluyendo con tan animada broma, volvía a la silla.

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    5. —Ese dragón puede darse por muerto. ¿Quieres su cabeza asada o en guiso...? —rió; de seguro necesitaría una olla inmensa o podría cortar la carne en pedazos y cocinarla por partes... No, ya estaba delirando.

      —¿Megurine? Apaga la luz. Así pensarán que estoy durmiendo y que no hay nadie conmigo. —las probabilidades de que ese plan funcionara eran bajas, sin embargo, eso no parecía importarle al mayor, Quería pasar tiempo con esa loca chica que le seguía la corriente.

      —Quisiera darte la cama y yo quedarme en esa silla... —se dijo así mismo, no lo hubiese dudado si sus huesos estuviesen más fuertes para ponerse en pie. Su paranoia comenzaba activarse al pensar en las molestias que le causaba a la pelirrosa, de seguro ella estaría mejor en su habitación, con ese pijama suelto y cubierta por sus tibios edredones.

      —Creo... creo que hay espacio aquí en la camilla. Sólo acuéstate de mi lado izquierdo... Ese lado no me duele mucho. —sería incómodo dormir en la silla, pensaba mientras reunía fuerzas para hacerse a un lado y brindarle espacio a la menor, claro que se podía, no dolía tanto.

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    6. —No, por favor quédate quieto—detuvo al pelivioleta posando la mano sobre su hombro con suavidad, para no lastimarle—. Estás herido, no debes moverte—hablaba con firmeza y leve molestia, el ceño fruncido de la mujer evidenciaba aquello último. Le enojaba pensar en él sacrificándose por su propia comodidad, ¿y qué si se dormía en la silla? La diferencia es que ella estaba en perfectas condiciones; el no—. Me quedaré contigo hoy, y si quieres, cuando mejores dormiré contigo.

      Fue a bajar la intensidad de la luz, y después con el control, volvería a declinar la cama para que pudiese estar más cómodo.

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    7. Se rindió con facilidad, aunque quería ser terco, su cuerpo no estaba de acuerdo. Sus pulmones se inflaban con su acelerada respiración, consecuencia de la fuerza que uso para intentar levantarse. —Esta vez, tú ganas... —suspiró con fuerza, recuperando ligeramente el aliento, por poco se le nublaba la vista.

      —Avísame cuando quieras irte, o podrías dormir en aquel sillón —el que señalaba con la barbilla—, se ve cómodo. Suficiente tenemos con mi fractura, no quiero que te disloques el cuello... En vista de que no quieres alejarte de mí ¿Y si lo arrastro hasta acá? —otra vez intentaba levantarse, no lo hacía apropósito, quería ser útil.

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    8. —Quédate quieto—ordenó la pelirrosa—. Así podrás recuperar la movilidad en menor tiempo.

      Tras levantarse de la silla, fue a probar el sillón. Era tan mullido que al sentarse sentía cómo era succionada por éste(?)—Creo que... Prefiero la silla —intentaba levantarse, con un poco de dificultad, aquello le hizo reír; se imaginaba a ella misma tratando de ponerse de pie, seguramente se veía gracioso.
      Cuando logró liberarse de las sucias garras del sofá (?, volvió a tomar asiento junto al pelivioleta—¿Ves? No era necesario que trataras de levantarte. La silla de alguna forma es más confortable que el sofá—sonreía al mayor.

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    9. Él la observaba en silencio, si ella estaba tratando de animarle, lo estaba logrando con esa interpretación de lucha contra el sofá. Teniéndola de regreso en la silla, volvió a observarle con ternura y al mismo tiempo algo de timidez; no parecía el mismo tipo confiado y capaz de hacer lo imposible, en cambio, se encontraba muy relajado ya que estaba acompañado de manera correcta.

      —Te creo.

      Luego de unos minutos en silencio, levantó su mano izquierda para sentir su cabeza con la yema de los dedos —Tengo puntos de sutura... ¿Será posible que me hayan afeitado la cabeza? —se veía cabello colgando sobre sus hombros, pero pudiese ser que sólo aquella parte de la cabeza no tuviera cabello, de seguro sería un vocaloid hipster si no le volvía a crecer (??).

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    10. Ella se puso de pie para buscar los puntos en la cabeza masculina. Pasaba delicadamente los dedos por toda ésta, tratando de hallar las puntadas.

      —Vaya... Son únicamente tres puntos, y están justamente en la línea del cabello—y de momento, la imagen del pelivioleta con una figura rapada en la cabeza asaltó sus pensamientos. No pudo evitar reírse—. Tal vez no les fue difícil suponer lo que podrías hacerles si se atrevían a hacer algo con un cabello cuidado tan quisquillosamente...

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